© 2011 Simple Origami when i´m shooting, the whole world stops spinning...

Luna Portnoi

buenas vibras!

Luna pinta cada segundo de mil colores. La inspiración es algo constante en ella, algo que fluye casi como respirar. Su vida es el arte y el arte es su vida, la forma de expresar lo que hay en su alma y en su corazón.
Luna necesita convertir en formas coloridas todo lo que le pasa por dentro. Quiere plasmar en algo concreto lo que siente, compartirlo, hacerlo luz. No importa el soporte, nada la limita. Todo puede transformarse si le dan unas pinturas y un par de horas. Un papel, una tela, una zapatilla, una pared. Cualquier superficie, grande o pequeña, dura o blanda, lisa o irregular, puede reflejar el arte de Luna. Es que ella siempre tiene disponibilidad para jugar, en cualquier lugar y en cualquier situación.
Sobre papel, puede crear ilustraciones con un gran nivel de detalle. Explora en los rincones, investiga texturas. Sobre tela, busca relieves, aplica diferentes materiales, mezcla colores. Allí su arte se hace más abstracto, orgánico y expresivo. Al pintar zapatillas, las formas se hacen funcionales, y son cada vez más los que quieren tener un modelo único y llevar colores en sus pies.
Pero más allá de su versatilidad, actualmente Luna está en pleno romance con los murales. Las grandes dimensiones le permiten poner en juego todo su cuerpo, y entonces el pintar se transforma prácticamente en una hermosa danza que deja en la pared las consecuencias de sus movimientos. Luna busca espacios cada vez más grandes e irregulares. Quiere pintar autobuses, aviones, edificios enteros o la muralla china, si fuera posible. Ella no hace bocetos antes de empezar. Simplemente se para frente a la pared, la mira, entabla una relación con ella, y así se inspira. No hay un plan concreto, sólo alguna idea disparadora y a partir de allí, improvisación. A medida que va surgiendo un contacto, cada vez más íntimo, entre la artista y el espacio, las formas se generan sin esfuerzo. Y para Luna, este espacio es más valioso cuanto menos convencional sea. Ella no quiere paredes cuadradas. Prefiere largos pasillos o escaleras. Espacios que inviten a un recorrido, que no permitan al observador quedarse quieto, que generen alguna interacción, que modifiquen la experiencia de pasar por un lugar.
Luna no recorre sola su camino de formas y colores. A veces sí, por supuesto. Pero también el trabajo colectivo la ha enriquecido mucho. Pintar en grupo es algo que le enseña y que le permite intercambiar experiencias con otros artistas.
Para Luna, las formas y los colores trascienden su persona. La conectan con el universo entero. Si se permite jugar, fluyen, forman mensajes. Porque el motor que genera todo el arte es su corazón. Ahí está la semilla de todo, la esencia de la Luna.

x diego feierstein